LA MAESTRA. CAPÍTULO 3
La ignorancia es obscuridad, por lo regular los maestros saben encender las luces....
Ahora la maestra Angélica se encontraba acorralada, sin embargo relativamente segura, a resguardo de la puerta del baño, que era lo único que la separaba de esa turba de pequeños niños que se habían arremolinado ante aquella entrada tratando de ingresar, afortunadamente la puerta aún contaba con cerrojo y eso le daba algo de tiempo a la maestra para detenerse y pensar. Angélica no daba crédito a lo que estaba viendo, de pronto una obscuridad se había cernido ante aquella escuela abandonada, en las ruinas del inmueble se percibía ese aroma de óxido y desolación, del polvo y el abandono. Recordó que entre su ropa portaba un encendedor que le daría algo de iluminación así que no dudó en encenderlo.
La mortecina luz de aquel mechero iluminó aquel sitio y le permitió al menos observar el entorno donde se encontraba, no era mejor que lo que había visto, era un sitio también herrumbrado, con los muebles del baño desprendidos, rotos arrumbados en el suelo, las paredes habían sido vandalizadas con garabatos inentendibles, a excepción de una frase que parecía haber sido escrita para resaltar.
"el infierno no está debajo, no hay destino más que la sordidez de este día, aquí moriré entre las lozas del olvido, allá no hay llamas, pero aquí está presente el sufrimiento..."
-"y la puerta del infierno se abrirá con una sacudida" ¿por qué recuerdo cómo termina esa frase?... -
pensó mientras una confusión se apoderaba de su mente...
-¿por qué recuerdo esa frase?....-
Mientras trataba de buscarle sentido a lo que pasaba por su mente, una silueta de adulto se formaba ante ella, de entre la penumbra y con voz algo apagada otra mujer, se acercaba hacia ella.
-Maestra Angélica... ¿me puede decir qué está sucediendo? ¿por qué el alboroto?....-
La maestra Angélica pudo ver a aquella mujer, usaba un vestido a la usanza de los ochenta, era alta y algo pálida, su semblante era severo.
-Disculpe... ¿nos conocemos?....-
-Mire maestra, déjese de cosas y abra la puerta....-
-Pero los niños... están allá afuera....-
-los niños son niños... y siempre serán traviesos, cuidamos de ellos pero aún aquí requieren disciplina... abra la puerta...-
Con cierto recelo la maestra Angélica se encaminó hacia la puerta, había dejado de escucharse el ruido que hacían los niños al empujarla tratando de abrirla, Angélica la fue abriendo lentamente, con sigilo marcado y vigilando en todo momento, buscando con la mirada a aquel grupo de niños. Apenas había puesto un pie afuera del baño, y no se dio cuenta de en que momento, la otra profesora ya se encontraba afuera, delante de ella, continuando con ese semblante severo.
-¿ya vio que no hay nada maestra Angélica?... seguramente los niños andarán por ahí....-
-Uno de mis alumnos está extraviado... entró a la escuela... a esta escuela y no lo veo por ningún lado, tengo que encontrarlo....-
-Ya veo... otra vez... otra vez... bien creo que no voy a poder cambiar su opinión, recuerde que toso es cuestión de perspectiva, seguramente estará escondido en el salón de música, venga, la voy a acompañar a buscarlo...pero después usted y yo debemos hablar de lo que pasa aquí...-
-Está bien, pero por ahora mi prioridad es encontrar a mi alumno...-
-Como sea... sígame....-
Ambas maestras se internaron en la escuela, pasaron por el patio y la maestra Angélica pudo observar los restos del edificio colapsado de la escuela, la parte que si se había aplastado, ese mudo testigo de la historia, testigo que no soportó la tensión de la sacudida. Vidrios rotos, barandales retorcidos, puertas colapsadas, obscuridad total, como la boca del lobo, como los pensamientos de un psicópata. Así los restos de un inmueble que amenazaba constantemente con terminar de caer, pero solo amenazas desde 1985....
-¿por que aún no demuelen esto...?...-
-¿demoler?... no sé en que mundo vive usted... ya llegamos maestra Angélica.. hasta aquí puedo acompañarla.-
En ese momento la maestra vio de reojo el verdadero aspecto de su interlocutora: no tenía pies, simplemente flotaba en el aire, y de la manga de su blusa de manera mórbida, el hueso de su antebrazo sobresalía formando un fragmento de dolor...
-¡oiga, su brazo!-
Gritó la maestra Angélica, la otra maestra simplemente guardó silencio y con la otra mano señaló hacia el salón... no sin antes decir una última frase...
-Maestra Angélica, no tendré con usted esta charla de nuevo... creo que ya va entendiendo lo que sucede aquí... así que entre ahí y no me quite mi tiempo...-
La maestra Angélica estaba impactada, petrificada, no sabía si debía entrar pero al menos ese sitio, el salón de música le proveería la posibilidad de entender lo que sucedía o de despertar ante la posibilidad de solo estar viviendo una sórdida pesadilla. Usando voluntad y fuerzas de flaqueza, Angélica logró dar dos pasos, suficientes para alcanzar el picaporte de la puerta, pasando a solo unos centímetros de su macabra compañía. Logró abrir aquella puerta y mirar un poco al interior, pero al reincorporarse y dirigir su mirada, la otra maestra ya no estaba.
Angélica se habría rendido de no ser por que entre la obscuridad de aquel salón, escuchó una voz infantil diciendo una frase casi apagada, pero entendible:
-¡mami!...¡maestra!....¡¿hay alguien ahí?! ¡me duele!...-
Ahora la maestra Angélica estaba más que obligada a entrar a ese sitio, aún más obscuro que los anteriores....
CONTINUARÁ
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