LA MAESTRA. CAPÍTULO 2
Hay maestros que te inspiran otros que te llevan al vacío para que aprendas a volar con tus propias alas... y hay otros que dejan la vida en las aulas.
La maestra Angélica no lo dudó ni por un instante, uno de sus alumnos se encontraba en peligro, ella lo sabía y sabía que no había tiempo para la duda o el temor de entrar en la vieja escuela que pese a estar parcialmente derrumbada, era un gran porcentaje el que se mantenía en pie, y eso la hacía una zona potencialmente peligrosas, ya que el propio sismo de 1985 ya había debilitado sus estructuras, a llevaba cuando menos 30 años acumulando herrumbre, vejez y deterioro, lo que la hacían potencialmente peligrosa para quien se atreviera a entrar. Von la obscuridad a punto de hacerse presente le quedaban pocos minutos de visibilidad, y no había tiempo para llamar a la policía y los bomberos.
Se despojó de su abrigo y haciendo un esfuerzo casi sobrehumano retiró una de las tablas que retenían la entrada, y que pese a tener un hueco, este solo permitía el acceso de alguien tan pequeño como un niño. Cuando estaba a punto de entrar en aquel sitio una mano fuerte la sujetó del brazo, ella volteó hacia atrás apenas conteniendo el susto repentino que este hecho le había provocado y entre las sombras que empezaban a formarse pudo distinguir el rostro del conserje.
-¿a dónde va profesora?.....¿sabe que no hay gloria para quienes vuelven a ese sitio?....-
-Don Aurelio, déjeme entrar, por favor, uno de mis niños está ahí adentro, necesito ir por él antes de que algo le pase-
-los que moran ahí, ya no son sus niños.... ninguno de ellos... encontrará lo que sea menos a sus niños.....-
-Por favor, ¡carajo!... déjeme entrar....-
-Yo no vine a detenerla, entre si quiere... pero le advierto que ahí adentro la obscuridad es capaz de devorarlo todo.... solo le digo que se cuide, que no se deje devorar....-
Después de eso don Aurelio soltó el brazo de la maestra Angélica y ella ingresó en aquel inmueble. Una vez dentro, dirigió la mirada, hacia el edificio principal ella había entrado por lo que alguna vez fue el patio, ahora lleno de escombros de bancas cuyo metal había sido retorcido, en el suelo por alguna razón había manchas de cera, de algunas veladoras que habían sido colocadas ahí durante los días subsecuentes al sismo. Así poco a poco se fue adentrando en la escuela, el primer sitio al alcance era lo que alguna vez había sido el conjunto de oficinas de la dirección en la entrada que daba acceso a ellas quedaban los restos de un periódico mural.
...."15 de septiembre, inicio de la guerra de independencia" "13 de septiembre... niños héroes...." lo demás apenas era visible, esas cartulinas con retratos y símbolos patrios se habían quedado ahí por todo ese tiempo, solo unos días después de esas celebraciones y conmemoraciones, el terremoto había acabado con la mayor parte de la escuela. La maestra Angélica se encaminó hacia el interior de aquella oficina, en la entrada los muebles cados, los archiveros inclinados o no sobre otro, le dificultaban el paso, las cuarteaduras en el edificio hacían que no solo la obscuridad fuera un motivo de miedo, también lo era la eventual posibilidad de n derrumbe anunciado, latente.
-¿Fernando?....¿Fernando estás aquí?.....¿Fernando?......-
Solo le contestó el silencio el tiempo que una especie de viento entró por los vidrios rotos de la ventana moviendo y removiendo algunos papeles que se encontraban en dicha oficina, la maestra buscó en su bolso de mano... y como una especie de pequeño milagro encontró un bolígrafo, que en su estructura contaba con una diminuta lamparita...para mejorar un poco las cosas ahora ya tenía algo de iluminación, aunque no siempre eso es algo bueno, ya que al encenderla se percató de que de uno de los muebles herrumbrados, una enorme rata salía huyendo pero no si antes pasar cerca de los pies de la maestra quien no tuvo más remedio que dar un pequeño grito reprimido, y después de eso recuperarse rápidamente de la impresión y el susto que aquel roedor le había causado, ya que ella sabía que el tiempo seguía apremiando, y una rata ahora era el menor de sus problemas. Como para darse valor sujetó entre sus manos un dije que pedía de su cuello, una imagen religiosa que sería al menos en ese momento, el combustible de su fe; y tras de revisar toda la oficina de arriba a abajo, no había rastros de su alumno por ningún lado. Decidió salir de ahí y encaminarse hacia el edificio principal de la escuela.
Al caminar hacia las escaleras se percató de que había dos puertas, eran los baños de la escuela y tenían que ser revisados, la maestra entró por la puerta del primero que solamente era ya, un enorme hueco, ya que la puerta completa se encontraba dentro, en el suelo a merced del óxido, el sismo había dado cuentas de ella y permanecía en el suelo como el día en el que cayó de su lugar. Lentamente, entre pedazos de vidrio, entre azulejos desprendidos que se encontraban en el suelo, entre tazas de baño rotas o sacadas de sus cubículos, entre las arenas del tiempo, la maestra caminaba alumbrada apenas por la mortecina luz de su diminuta linterna, revisaba uno a uno los cubículos en el baño en busca de aquel desafortunado niño, si obtener respuesta, si siquiera tener algún indicio de su paradero.
Estaba ella en el fondo del primer baño cuando escuchó un fuerte golpe en la pared, uno que parecía provenir del baño contiguo, fue algo escandaloso, un ruido muy fuerte, definitivamente no lo había ocasionado una casualidad, ni el viento que con cada minuto parecía soplar mucho más fuerte, la maestra tuvo una corazonada de que Fernando se escondía al lado, justo de donde parecía provenir el ruido así que se dirigió hacia allá con paso veloz, pero al llegar al umbral de la puerta algo la detuvo súbitamente, frente a ella, oculta entre las sombras una niña la aguardaba, su rostro demacrado y pálido no era tan aterrador como su falta de ojos, ya que en ellos solo se veía un hueco profundo como el carbón, no tenía mayor expresión en el rostro, era más bien una expresión neutra sin semblante, y solo estaba ahí inmóvil, con los pies bien plantados en el suelo observando fijamente a la maestra.
-¿oye que haces aquí?....-
La niña simplemente salió corriendo en dirección a las escaleras, mientras que la maestra Angélica hizo acopio de todo su valor para salir corriendo tras ella, pero su carrera no duró mucho, ya que al llegar al pie de la escalera, se encontraba un grupo de niños, similares a la primera niña, solo que estos ostentaban lesiones en sus rostros y cuerpos, y una mirada vacía y sin alma, además del semblante de tristeza que les daba una aire aterrador, de inmediato caminaron hacia Angélica quien no tuvo más remedio que replegarse hacia atrás y buscar refugio en abriendo la puerta del otro baño....
CONTINUARÁ
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